Nuestro ultimo día de pesca, como alguna otra vez ha sido una autentica evasión, no sabemos como pero en casa no pusieron objeción alguna así que a las nueve de la tarde salimos disparados a la playa Manu y yo, el buen tiempo ya se nota y en el pesquero ya teníamos un buen numero de cañas plantadas, pero entre ellas había un hueco mas que suficiente para nosotros.
Monte un buen anzuelo del 2\0 y le puse un suculento filete de jibia, y esperando la picada pasamos un buen rato de charla con otro pescador, el día se apagaba lentamente, así que en cuanto dejamos de hablar cada uno fue a sus cañas a poner los estarlites en las punteras, mientras caminaba dirección a mi caña y mire la puntera de esta, el corazón me dio un vuelco, la caña practicamente a 90º y la chicharra del carrete sin parar me hicieron correr a cogerla y clavar, desde el principio supe que era un animal de porte, las carreras eran muy potentes y el final de estas siempre acababan con unas fuertes cabezadas, pero donde mas note sus tirones fue en la orilla, ya que antes de que se diera por vencida la acerque cuatro o cinco veces y otras tantas aprovechando la resaca de la ola, arrancaba hacia el mar.
Al final, ya cansada, pude ponerla en seco con la ayuda de una ola. Cuando Manu y yo la vimos en la arena nos pareció una lubina preciosa y lamentablemente de las que cada día se ven menos.
Un poco mas tarde, tuve otra picada, no tan salvaje como la primera pero no agarro y después Manu en una caña destensada, traía un pescadito majo, pero en la orilla se desanzuelo.
Finalmente las algas nos echaron de la playa, eso si, nos echaron muy contentos.
Un poco mas tarde, tuve otra picada, no tan salvaje como la primera pero no agarro y después Manu en una caña destensada, traía un pescadito majo, pero en la orilla se desanzuelo.
Finalmente las algas nos echaron de la playa, eso si, nos echaron muy contentos.

